En una noche

Volviendo a casa como cualquier otra noche, las calles apenas estaban húmedas, la lluvia era muy tenue, como un velo…

Escuchando la radio, donde una voz monótona y aburrida daba las noticias, a las cuales no prestaba atención. Ese día, había tenido suficiente, con la aburrición del trabajo, después de una ardua discusión con un cliente que me dio un ligero dolor en el pecho…

Lo único que quería era llegar a casa, descansar y estar con mi amada esposa, escuchar su dulce voz, cenar con sus dos hijos. Esto, me saco una sonrisa…solo faltaba unas cuadras más, cuando repentinamente, el malestar en el pecho regreso, más fuerte más agudo… Mi fuerza disminuía con cada segundo, comenzaba a faltar aire, como pude oprimí el botón de la ventana, aun así con el aire fresco, me faltaba la respiración. Mi visión comenzó a nublarse, con todas mis fuerzas tome el volante y pise a fondo, no había tiempo que perder.

Faltaban unos cuantas casas, cuando perdí el conocimiento, lo último que recuerdo en ese instante, fue la abrupta detonación de los airbags así como de la desaceleración tan intensa…Pasaron unos segundos, tal vez ni siquiera eso, cuando los vecinos salían corriendo, tome un respiro y volteé hacia mi casa, fue ahí donde pude ver a mi esposa correr hacia mí, no podré olvidar su rostro tan angustiado. Volví a perder el conocimiento, no dejaba de sentir como una estocada en el pecho.

Tras tal vez unos minutos, fui recobrando la conciencia gradualmente, escuchaba el llanto de mi esposa, que me sujetaba entre sus brazos, intente tocar su mejilla, pero mi cuerpo estaba lejos de responder. Solo me quedaba susurrar para mis adentros ‘todo estará bien cariño, no te dejare sola’. Ella, llamaba desesperadamente a emergencias, tras terminar la llamada dejo caer el celular, me abrazaba con todas sus fuerzas, no podía distinguir entre sus lágrimas y la lluvia.

A los pocos minutos, se escuchaba un rugido, como una tormenta acompañada de un fuerte viento que enfriaba aún más mi inerte cuerpo. Ella, me abrazo con más fuerza. Dentro de la poca conciencia que me restaba, imagine que bajaban dos ángeles desde esa tormenta, en ese momento no sabía si venían a salvarme o todo lo contrario. Una voz fuerte me dijo en tono firme, “Aun no es tu hora, resiste camarada”. Todo quedo en silencio, obscuro….

Cuando desperté, era ya un día soleado. Era un amanecer. Una habitación blanca y silenciosa, a excepción de un constante, beep. Me quede viendo el techo, mi mente corría de un lado a otro reconstruyendo las memorias, mientras que mi cuerpo se sentía pesado y adormecido.

El tiempo parecía ser eterno. Hasta que finalmente entro una enfermera, al verme despierto llamo al doctor, como si fuese algo tan transcendental. A los pocos minutos llego el doctor de cabecera, mientras revisaba mi condición le dijo a la enfermera que le llamara a mi familia. Ese enunciado simple y corto enunciado, me alegro el día.

El doctor me hacia la plática, le contaba lo que había ocurrido el día anterior antes del incidente, y como el bien me dijo después de la charla, “llegaste a un punto de quiebre, aun con una dieta saludable y una vida activa, era solo cuestión de tiempo”.

La enfermera me trajo una ensalada, comía tranquilamente, cuando escuche unos pequeños pasos correr por el pasillo, subí la mirada, eran mis hijos y mi esposa que venía detrás de ellos. Cuando entraron a la habitación, corrieron hacia mi,   no pude contener mis ganas de incorporarme y los abrace con las fuerzas que tenia.

Mi esposa se sentó a un lado de mi,apoyando se mejilla contra mi hombro… “Todo esta bien cariño, todo estará bien”

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